La decisión no fue fácil, pero al final imperó la lógica, creo, y las ganas de hacer bien las cosas. La última vez que revisé, tenía unas 11 mil canciones en mi “biblioteca” del disco duro. ¡Once mil canciones! Son muchas y me quedo corto comparado con algunas personas que sé que tienen treinta o cuarenta mil.

Hagamos una sencilla división: si cada CD estándar tuviera 14 canciones, mis once mil equivaldrían a unos 780 discos compactos… los que tienen cuarenta mil, serían 2,850 CDs…

Mi colección de discos con trabajos llega a los 500, y eso que antes compraba muchos, según yo, pero la verdad es que en los últimos años le he bajado al ritmo, y no por la revolución digital y lo que se platica, más bien obedece a situaciones de mi vida donde, afortunadamente, tengo muchas otras cosas en que ocupar mi tiempo. Pero eso no me quita mi lado melómano… disfruto enormemente escuchar música (lo de buena o mala es decisión de cada quien, por eso no entraré en detalles…)

La revolución digital hizo que, poco a poco, se me fuera llenando la “bliblioteca” de canciones con cosas desde buenas hasta espantosas. De repente se me duplicaron parte de las mismas y tenía muchas repetidas, en fin. Un verdadero desastre digital. Otro asunto es que, en alguna ocasión, me pasaron algunas canciones en una empresa donde colaboraba… sobre todo música “ochentera”. Llegó el punto en que se juntaron muchos elementos, donde el principal tal vez es que de mis “once mil” con trabajos si escuchaba unas 300 o así.

¿Borro toda la biblioteca? ¿Comienzo de cero? ¿Me quedo como estoy? Pasaron un par de días y de repente tomé la decisión: “¿Está seguro de borrar todo?” SI. Adelante, borra y olvida. Vacía la “papelera de reciclaje”. Todo. Elimina cualquier rastro de canción de mi computadora… el proceso tomó menos de dos o tres minutos.

Ahora me encuentro muy tranquilo, sin canciones, pero tranquilo y con una paz digital reconfortante. ¿Por qué? Me he liberado de la carga que era pasar de máquina en máquina esa colección de archivos desorganizados y tener que lidiar con ellos. El punto tal vez más crítico es el famoso 80/20, también conocido como la Regla de Paretto. Sólo escuchaba -si acaso- el 20 por ciento de las canciones.

Ahora viene lo bueno. No tengo prisa por “ripear” o extraer digitalmente las canciones que me interesan de mi colección de CDs. Será un proceso tortuoso, lleno de buenos recuerdos (la música siempre trae algún tipo de recuerdo) y, sobre todo, será lento. Me tomará tiempo, mucho tiempo.

¿Cual será la luz al final del túnel? Aquí mataré varios pájaros de un tiro: tendré la música que quiero escuchar perfectamente organizada. Almacenaré los CDs en algún lugar donde no estorben, de todas formas no los uso hace años.

Ahora, una gran interrogante es, ¿qué formato de compresión de audio usar? MP3, sin duda. Sé que hay otras opciones, pero lo que es universalmente compatible con cualquier dispositivo es, precisamente MP3. Usaré los 192kbps (la cantidad de compresión que hace a cada canción) para tener un adecuado balance entre tamaño de los archivos y calidad de audio.

El tema de si se escucha mejor MP3, AAC, FLAC, OGG y muchos otros más lo dejamos para otra ocasión. Es una cuestión de gusto y también manía. Para mis necesidades, supongo que MP3 a 192kbps me dejará satisfecho…

Ahora, ¿de dónde voy a sacar canciones nuevas? Interesante. No quiero torrentear ni una sola (a pesar de que hace poco escribí que lo hice, en realidad no me interesa obtener nada gratis y de pésima calidad). Prefiero pagar por lo que realmente voy a disfrutar, tener la famosa “portada” del disco y todo en orden. MixupDigital es una opción, vendiendo canciones a 10 pesos codificadas en MP3 a 256kbps. La tienda de Apple es otra, a 12 pesos y con el formato AAC, ambas sin DRM o protección contra copias. Creo que es todo lo disponible en México. Algunas canciones las había comprado en Amazon, con excelentes resultados, pero eso lo usaré sólo cuando no encuentre lo que busco en las dos primeras tiendas.

Ahora, tal vez la pregunta -no tecnológica- más pertinente es: ¿hay buena nueva música? Eso ya es harina de otro costal o bytes de otro disco duro… aquí sólo estoy platicando de la forma, no del fondo.

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