Hace algunos años escribí -un poco preocupado- lo sencillo que era obtener o “bajar” canciones desde Internet. Claro, había que saber un poco de instalar programas y eso, pero no era materia para expertos. Así, programas como LimeWire ocupaban los lugares estelares en las listas de los más bajados, junto con la proliferación de las conexiones de “banda ancha”.

La magia de las redes “punto a punto” hacían que casi cualquier canción de moda estuviera disponible al que sabía instalar un simple programa y podía usarlo. El tema lo dejé pasar mucho tiempo, conociendo perfectamente su existencia, sin embargo, este fin de semana que tuve algo de tiempo para “no hacer nada” escuché la radio y detecté un par de canciones que me han estado gustando… así es que dije, “ah, ¿cómo será ahora bajar canciones de LimeWire?”.

Oooops. Sigo sorprendido de lo mucho que han avanzado estos sistemas. Primero conseguí a través de un sitio de “torrents” la última versión de LimeWire Pro. Lo instalé, cambió mucho desde la última vez que lo usé, pero sigue sirviendo para lo mismo: obtener archivos de Internet a partir de lo que comparten otros usuarios. Así es que como no sabía el nombre exacto de las canciones que me gustaban, fui al sitio de las estaciones de radio… a ver, buscando “éxitos de la semana”… ahh, mmm, sí, este debe ser, selecciono esto, lo pego en el campo de búsqueda de LimeWire, clic al mágico botón de “buscar”… ahhh, en menos de 5 segundos, el listado tradicional de los amables usuarios que están compartiendo lo que yo estoy buscando. La primera vez que le das “descargar” aparece una inocente ventana que dice algo así como “Oye, no uses esto para piratear, es sólo para bajar contenido libre de derechos de autor” y también viene la conveniente opción que dice “Nunca volver a mostrarme esto”.

El resultado fue que en menos de 10 minutos tenía en mi disco duro unas 5 canciones de moda, éxitos sintéticos que en un mes ya nadie recuerda… pero me faltaba otra rola, que escuchaba de vez en cuando pero que no sabía ni quien la cantaba… sólo me sabía de memoria una pequeña parte… como seguía teniendo tiempo de sobra para “experimentar” entré a midomi.com, un sitio que te deja, literalmente, cantar tu canción y la compara entre millones para ver si le atina. Lo hice unas dos o tres veces y nada.

No me di por vencido. El sitio también te deja escribir cualquier pedazo de la canción para comparar con los títulos, cantantes y nombres de bandas. Así es que puse lo único que me acordaba … “walk on the ocean” y salieron muchos resultados. Mmmm, a ver, no, esto no puede ser, no, esto tampoco. A las cuatro páginas de resultados pensé que simplemente no la podría encontrar. Volví a hacerlo y pensé “¿A poco es el primer resultado?”. Pues sí, ahí estaba esperándome. Le di clic, entré a leer un poco más del grupo, entré a su sitio y copié el nombre de la canción.

Obvio, regresé a LimeWire y en otros 23 segundos la tenía en mi disco duro… resultado: un usuario de Internet feliz y una industria musical en franca decadencia comercial. Creo que está de más escribir que nadie ganó nada en esto, más que el usuario que se “ahorró” el costo de los cinco CD, si es que tenía pensado comprarlos.

Sigo escuchando mis canciones desde la PC, vaya, ni me he tomado la molestia de quemar un CD para llevarlo en el coche… ya no soy tan fan de las canciones de moda y, aunque parezca que no, seguí bajando y haciendo todo con fines de investigación. Sí, Javier, sigue escribiendo eso para auto justificar que eres ¡un gran y auténtico pirata!

Quiera o no, la facilidad de usar estos programas, las conexiones de banda ancha, los dispositivos portátiles para escuchar música y una antigua fórmula comercial para vender 14 canciones a un sobreprecio donde sólo te interesa una de ellas, han logrado que este asunto de copiar música sin pagar por ella haya llegado para quedarse, echar raíces y reproducirse.

Repruebo totalmente la venta de canciones (y películas) pirata en las banquetas… esa es otra historia que merece un artículo aparte, aquí hablo del que baja para su consumo personal y no busca venderlas.

¿Qué sigue? ¿Desaparecerán las bandas y los cantantes? Absolutamente no (eso es lo que nos quieren siempre decir las empresas “disqueras”). Lo que nos hemos dado cuenta después de esta “revolución digital” es que el modelo comercial de las disqueras está agotado. Los seres humanos siempre necesitaremos música y los autores de la misma seguirán creándola y tocándola en vivo, donde ganarán el dinero correspondiente a su éxito y fama, sin intermediarios tradicionales, pues ya está el magnánimo distribuidor: Internet.

A la larga, las canciones en formato digital van a ser gratis, posiblemente patrocinadas. Las disqueras tendrán que buscar otra forma de subsistir, porque después de obtener 5 canciones de moda en menos de 5 minutos cómodamente sentado… no veo por donde seguirán vendiendo su contenido, incluso, no veo muy claro el futuro de las tiendas de música por Internet. ¿Tú sí?

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