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El matemático, especialista en teoría de números, Andrew Wiles, recibió el Premio Abel 2016 por su solución a uno de los problemas más complejos de la matemática: el último teorema de Fermat. Esta conjetura (porque no es estrictamente un teorema), ha sido objeto de estudio de muchas grandes mentes de la matemática, sin que haya podido resolverse -hasta ahora. La Academia de Ciencias de Noruega anunció que Wiles es el ganador del Premio Abel, que se considera el “Nobel de las matemáticas”.

Wiles, de 62 años, ahora trabajando en la Universidad de Oxford, en el Reino Unido, recibirá unos 700 mil dólares por su prueba (del año 1994) del teorema, el cual dice que no puede haber números enteros positivos tales que x^n + y^n = z^n, para el caso de que n sea mayor que 2. Wiles dijo que la noticia del premio le llegó como “una sorpresa total”.

Para muchos, el haber resuelto uno de los postulados más famosos de la matemática, el cual además, es fácil de enunciar, colocan a Wiles como el probablemente “matemático más célebre del siglo XX”, dice Martin Bridson, director del Instituto de Matemáticas de Oxford. Y aunque el teorema se probó hace dos décadas, sigue inspirando a las mentes jóvenes. “Wiles es tratado como una estrella de rock. Hacen fila para tomarse una foto con él”.

La historia de Wiles al respecto del teorema de Fermat es de tenacidad sin duda. Cuando estaba como miembro de la facultad en la Universidad de Princeton, en Nueva Jersey, en los años 1980s, se embarco en una empresa solitaria de siete años para resolver el problema, trabajando en el ático sin decirle a nadie del asunto (a excepción de su esposa). Hizo el anuncio histórico en una conferencia en su pueblo natal en Cambridge, Inglaterra, en junio de 1993 para solamente escuchar un par de meses después que su prueba contenía un grave error. Entonces trabajó otro año duramente en el asunto y con ayuda de su ex-estudiante, Richard Taylor, quien está ahora en el Instituto de Estudios Avanzados en Princeton, fue capaz de corregir los errores. Esto dio como resultado un par de artículos que se publicaron en 1995 y que fueron el tema de todo el ejemplar de “Annals of Mathematics”.

Wiles supo del matemático Pierre de Fermat por vez primera cuando era un niño en Cambridge. Se le dijo que Fermat formuló su famosa conjetura en una nota en el margen de un libro de 1637: “Tengo una verdaderamente maravillosa demostración de esta proposición que no se puede poner aquí por tener un margen muy angosto”, escribió Fermat (en latín). “Es una historias muy romántica”, dice Wiles, “el tipo de historias que captura la imaginación de las personas cuando se es joven y se piensa dedicarse a las matemáticas”.

En 1983 el matemático alemán Gerd Faltings, ahora en el Instituto de Matemáticas en Bonn, hizo un gran avance indicando que el enunciado de Fermat, a lo más tiene un número finito de soluciones. Wiles entonces usó este resultado pero con otro enfoque. Probó la conjetura Shimura-Taniyama, una propuesta de los años 1950s que describe dos ramas muy diferentes de las matemáticas, las curvas elípticas y las formas modulares, son conceptualmente equivalentes, un resultado mucho más importante que el de la conjetura de Fermat.

El enlace entre la conjetura de Shimura-Taniyama y el teorema de Fermat fue propuesto por vez primera en 1984 por el teórico Gerhard Frey, ahora en la Universidad de Duisburg-Essen, en Alemania. Él indicó que el hallar un contrajemplo en el teorema de Fermat debería llevar a un contraejemplo de la conjetura de Shimura-Taniyama.

Por su parte, Kenneth Ribet, un matemático de la Universidad de California, Berkeley, pronto probó que Frey estaba en lo correcto. Aún así, la tarea de Wiles no era fácil. “Andrew Wiles es probablemente una de las pocas personas en la Tierra que han tenido la audacia de soñar sobre hacia dónde quieren ir y probar la conjetura”, dijo Ribet a la BBC en un documental de 1996.

Wiles ahora está enfocado a otros problemas no resueltos en la teoría de números. Trabaja duro en ello incluso cuando va caminando por las calles, aún cuando se desplaza de su casa a la oficina. “No quiere irse en bicicleta”, dice Bridson, “piensa que podría ser peligroso para él si conduce mientras piensa en matemáticas”.
Referencias:

Nature 

La prueba del teorema de Fermat