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Científicos de la Universidad de Utah y la Universidad Chung-ang de Corea del Sur han publicado un estudio que sugiere que la obsesión crónica por los videojuegos está asociada con la hiperconectividad de varias partes de la red cerebral. Esas peculiaridades ayudan a sus cerebros a responder mejor a nuevos estímulos e información.

Sin embargo otras diferencias tambien están asociadas, a su vez, con una mayor tasa de distracción y un peor manejo y control de los impulsos. “Las diferencias halladas entre el cerebro de un jugador obsesionado y un cerebro normal muestran diferencias que, en su mayoría, pueden ser consideradas benéficas. Sin embargo, estas ventajas pueden estar irremediablemente ligadas a problemas,” dijo Jeffrey Anderson, responsable del estudio.

El trastorno del juego online, muy común en Corea del Sur donde jugar es un acto mucho más social que en Estados Unidos o Europa, suele diagnosticarse mediante los siguientes síntomas:

  1. Obsesión con los juegos online.
  2. Síntomas de abstinencia al no estar jugando.
  3. Tolerancia progresiva al aumento de horas empleadas en jugar.
  4. Intentar, sin éxito, dejar de jugar juegos online.
  5. Pérdida de interés en otras actividades, como hobbies que antes sí disfrutaba.
  6. Seguir jugando pese a tener conocimiento del grave impacto que tiene en su vida.
  7. Mentir acerca de las horas que se juegan.
  8. Usar los juegos online como vía de escape para mitigar la ansiedad o el sentimiento de culpa.
  9. Ha puesto en riesgo o perdido relaciones personales por los juegos online.

Los adolescentes que acusan este trastorno suelen llegar al punto de no comer o dormir por jugar, algo no tan extraño en los cibercafés de China y Corea del Sur. El estudio muestra cómo ciertas redes neuronales de sus cerebros que procesan la visión o el oído gozan de una mejor coordinación con la denominada red de relevancia o atención del cerebro.

El trabajo de esa red es centrar la atención a los eventos importantes que ocurren, preparando a la persona a realizar una acción. En un videojuego, tener una mejor coordinación entre esas partes ayuda a que el jugador pueda reaccionar más rápidamente. En la vida real podría ser esquivar un balón, un coche o distinguir una voz diferente en una sala llena de gente hablando.

“La hiperconectividad entre las diferentes redes cerebrales puede inducir a una habilidad que permita distinguir objetivos más eficazmente, y reconocer nueva información en un determinado ambiente,” dice Anderson.

Los mejores jugadores de eSports son capaces de coordinar sus ojos, cerebros y manos para realizar una acción en milésimas de segundo con una fantástica precisión. En Corea del Sur League of Legends y Star Craft 2 son los juegos más populares, donde los reflejos y la coordinación son partes fundamentales del éxito.

Más problemático es la mayor coordinación detectada entre las dos siguientes regiones del cerebro: la corteza prefrontal dorsolateral y la unión temporoparietal, diferencia que se observa también en los pacientes con enfermedades neuropsiquiátricas, como la esquizofrenia, el síndrome de Down y el autismo. La hiperconectividad entre ambas regiones también se suele observar en personas con un mal control de los impulsos.

“Tener esas dos redes hiperconectadas puede incrementar la predisposición a distraerse,” aclara Anderson. En este punto, se desconoce si esa conexión está inducida por el exceso de horas de juego o que las personas con un índice diferente de conexión entre redes es más propensa a caer en los videojuegos.

Para el estudio los investigadores realizaron un TAC a 106 jóvenes entre los 10 y los 19 años que buscaban tratamiento por sus trastorno al juego online, una condición psicológica descrita en el Manual de Diagnóstico de Trastornos Mentales (DSM-5). Esos escáneres cerebrales fueron comparados con los realizados a 80 jóvenes sin el trastorno, y fueron analizadas las diferentes regiones del cerebro al ser activadas simultáneamente por los mismos estímulos.

El equipo analizó la actividad de 25 parejas de redes neuronales, 300 combinaciones en total. Los chicos con el trastorno tenían estadísticamente una diferencia significativa en varias conexiones entre las parejas de regiones del cerebro ligadas al sentido de la vista y el oído.

Referencia: Addiction Biology, Hipertextual