Contrastes desde Canada“Es qué no entiendo por qué lo hicieron así… está enorme”, me decía el chofer del taxi que me llevaba del hotel al aeropuerto el jueves, en Toronto, Canadá. Ya sabe, adrenalina por salir a tiempo, tráfico infernal en el centro de la ciudad y comienza la plática “mucha gente vino a esto de BlackBerry, ¿verdad?” de esas veces que no tienes muchas ganas de platicar, pero es una descortesía no hacerlo, sobre todo en un trayecto de casi una hora.

Entonces, saqué de mi maleta el nuevo Passport y se lo mostré “Es enorme, ¡qué es esto!” decía, “es que no entiendo por qué lo hicieron así”. La verdad es que yo tampoco, siendo la apuesta para recuperar un mercado corporativo, la firma canadiense impresionó -para bien y para mal- a más de uno. El chofer me insistía que todo era iPhone “todo el mundo quiere iPhone, se usa en todas partes, es un hecho que todos quieren iPhone”, entonces me atreví a comentarle que no era necesariamente cierto lo que decía “¿LG? ¿Samsung?, yo no sé, pero todos quieren un iPhone”. Para nada me metí en exponer los delicados temas de participación de mercado global, la amplia dominancia de Android como segmento y la famosa “base de la pirámide” donde realmente se venden millones y millones de teléfonos.

Mi conductor, nacido en Polonia, seguía necio con que todo es iPhone “es que se agotó, hubiera visto las filas para comprarlo” … en fin, un poco más de lo mismo que hemos sabemos que pasa cada vez que Apple lanza un nuevo teléfono. Pero sin duda, esta óptica de un chofer de taxi de un país de primer mundo contrastó notablemente con lo que me pasó en el avión.

Sentado junto a mi, un corpulento paisano de estatura baja comenzó a platicar con la persona que venía a su lado y no pude dejar de escuchar. Juan nació en una población cerca de Puebla y lleva ya unos 9 años viajando a Canadá para trabajar en el campo. En esta ocasión venía de regreso de estar siete meses “trabajando el jitomate”, con prestaciones, seguro de gastos médicos, pasaporte, vista, boleto de avión y demás elementos que se antojan lejanos para los que se cruzan la frontera de forma ilegal en busca de mejores oportunidades. La plática era muy interesante y detallaba como “el patrón” se encarga de todo allá y para poder aplicar, hay que ir aquí en México a la Secretaría del Trabajo y cumplir con muchos requisitos. “La paga es buena, ya me acostumbre y pues ahora voy de regreso a mi tierra”.

Ya casi para aterrizar en México Juan sacó de su bolsa un smartphone … no pude verlo bien, pero sin duda era uno con pantalla grande. No aguanté las ganas y comencé a preguntarle algunas cosas sobre su trabajo y demás, pero lo que realmente me interesaba era saber para qué usaba su teléfono. Entonces me salió lo reportero “Oye, ¿y ese celular, para qué lo usas, digo, además de hablar?” yo pensé que me diría que sólo para mensajes SMS, pero cuál fue mi sorpresa cuándo me platicó que “Ah, es que ahora ya estoy aprendiendo más, me enseñaron a usar eso del Facebook, tengo una cuenta”, la verdad me quedé impresionado, “ah, pues qué bien, ¿y los datos?”, “El patrón ofrece WiFi a los que quieran y pues desde ahí, además de que pago 50 (dólares) al mes y tengo todo”.

Viajando siempre, pero siempre se aprende y en esta ocasión me quedé con muy buenas experiencias, tanto del chofer del taxi que su realidad es que todos quieren y necesitan un iPhone y Juan, un trabajador del campo que entró a la modernidad simplemente porque ya se puede “Este me lo flexearon allá en Canadá, llegando le pongo otro chip”.

Ah jijos, se nota que le enseñaron y bien. Sin duda alguna la tecnología va llegando a cada vez más usuarios y eso debe ser bueno. Las posibilidades de comunicación que ahora ofrecen un simple celular y una red social hace apenas unos 10 años eran un asunto de ciencia ficción y reservado para muy poca gente. Este mundo está cambiando más rápido de lo que imaginamos.