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Kinect llegó a nuestras salas en el 2010 como un accesorio más a nuestro centro de entretenimiento con la promesa de “convertirnos en el control”; combatir contra Darth Vader (cumpliendo nuestras fantasías de pequeños al tener un lightsaber en nuestras manos) y poder hablarle a nuestro Xbox. Prácticamente cambió la forma en que disfrutamos los juegos y ahora, podría vernos todo el tiempo.

La semana pasada fue anunciado el nuevo Xbox One y la segunda versión de Kinect (que ahora estará incluido con la venta de la consola). Tiempo atrás, cuando llegó este dispositivo al mundo, la idea de convertirnos en el control venía plagada de una jugabilidad no responsiva. Se necesitaba un portaaviones en lugar de una sala para que el sensor pudiera captarnos y su librería de juegos, como Kinect Joy Ride ó Kinectimals, no causaba mucha emoción; éxitos como Dance Central dejaron entrever que el gamer había cambiado, que los juegos de fiestas estaban en auge y “ayudaban a la salud” pero los intentos por acercar al jugador hardcore a este dispositivo fueron esfuerzos nobles que estuvieron mal ejecutados. (¿Recuerdan Mass Effect 3, Skyrim o Steel Batalion? donde Kinect trataba de darte una experiencia más inmersiva en los títulos, gritando comandos y saltando directamente a la acción: “¡Estoy adentro del juego!” o “¡Qué gran experiencia!”). Aceptémoslo, al final, era más fácil  apretar los botones del mando y continuar jugando.

Sin embargo, después de probar el nuevo sensor “Kinect 2.0” llegué a varias conclusiones: tiene muchas mejoras que su antecesor: mejor capacidad para reconocer la profundidad de una habitación, capturar tu biometría (como ritmo cardíaco y temperatura),  interpretar el movimiento de manera más precisa al encontrar más “ejes” o nodos del esqueleto humano, reconoce si el gamer está contento, triste o asustado mientras juega un título, y si se hacen las configuraciones pertinentes, identifica inmediatamente quién está en la habitación o a quien está jugando en determinado momento. Si a esto le sumamos todos los algoritmos que pueden medir con la “fuerza” en la que se tira un golpe o dónde está ejerciendo más fuerza un determinado músculo, el futuro se ve muy prometedor para lo que se pueda lograr con este accesorio “remasterizado”. Vemos juegos de entrenamiento o experiencias memorables y responsivas. Hay mucho con lo que se puede hacer con esta herramienta en juegos.

kinect y xbox one unocero

Pero, ¿qué pasaría si Kinect tuviera que estar conectado siempre a la consola?, es decir, que estuviera prendido todo el tiempo monitoreando…siempre,  todo el tiempo, a toda hora… ¡Hola Big Brother!

Supongamos que el nuevo sensor debe estar conectado todo el tiempo y siempre estará al pendiente de todo lo que haces, de toda la actividad que está pasando en tu habitación. Siempre listo para escuchar tu próximo comando, siempre listo para servirte. Esta idea no me convence del todo. No me gusta pensar que alguien en alguna parte del mundo puede estar viendo mis actividades sin mi consentimiento.

Hay algo similar con las webcams en una laptop, están ahí si las necesito pero en dado caso que no, viven apagadas. Hay casos donde se puede hackear este acceso y prenderlas remotamente para ver lo que está haciendo ese equipo: desde novios celosos hasta espionaje corporativo; existe, es una realidad.  Como desarrollador, la promesa de poder “leer” (¿o ver?) a los gamers son oro puro (en datos) para generar mejores experiencias.

Pero, ¿hasta qué punto quiero que sepan qué hago en la privacidad de mi hogar? ¿A dónde se va esta información? ¿Quién puede acceder a ésta? ¿Van a vender los datos a compañías externas diciéndoles que me encanta tomar algún refresco en particular mientras juego? ¿Qué me garantiza que el sistema es tan seguro que no puedan “hackear” mi consola y ver qué está pasando? ¿Qué impide a alguien prender mi consola de manera remota mientras no estoy en casa y “analizar” el entorno?

La información es lo más importante. Vivimos en una economía e industria que está cambiando, el modelo de negocios “Facebook” es claramente más rentable, Google hace algoritmos para hacer de mi vida en Internet una experiencia única con “productos y servicios” hechos a la medida de mis necesidades en la red. Los datos es donde está la información más preciada en estos nuevos modelos.

“¡Pero con esta información y tendencias vamos a hacer mejores experiencias de entretenimiento y mejores juegos!”

¿A dónde van a parar estos datos? Al final es mi información y sólo quiero jugar videojuegos. No quiero que sepan que a veces juego Halo en boxers.