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Hace unos días tuve la oportunidad de viajar a San José del Cabo, en Baja California Sur, dónde me invitaron a dar una conferencia sobre redes sociales, el impacto en las ventas (en este caso de automóviles) y cómo tratar de aplicar algunos conceptos básicos de tecnología para el vendedor “en piso”. Todo bien y sin novedad… hasta que el cuarto del hotel comenzó a hacer de las suyas.

¿Cómo qué el cuarto hizo de las suyas? Resulta que nos hospedamos en un hotel de reciente apertura donde una de las “amenidades” se conoce como Smart Room y, averiguando e investigando –como siempre- encontré que nuestra habitación contaba con tecnología “de punta” que trataré de explicar.

Además de sensores de movimiento y unos de esos de “puerta” que saben cuándo está abierta o cerrada, el cuarto ofrece al visitante una completa interfase gráfica a través de la televisión (pantalla de 42 pulgadas) que es manipulada por el mismo control remoto con el que usualmente le cambiamos de canal. El software, corriendo alguna versión de Linux que no pude descubrir cuál era, ofrece al visitante las opciones de encender y apagar el aire acondicionado, las luces, abrir o cerrar la cortina gruesa (también llamada de sol) y algunas otras actividades como poner el despertador.

¿Cómo me di cuenta de todo esto? En realidad de forma muy divertida. En un momento del viaje salí del cuarto y se quedó mi esposa dentro. Después nos quedamos de ver en otro lugar y me platicó “en cuánto te fuiste y cerraste la puerta, se apagaron las luces del cuarto y no hubo forma de que encendieran hasta que hablé a recepción y mandaron al de mantenimiento”… “¿Pero cómo?” “Pues así, no se podía prender nada, vino el joven y algo le hizo a la pantalla y ya quedó”.

Eso pasó como un suceso aislado hasta que, con el pasar de las horas y los días, fuimos descubriendo otras “particularidades” del cuarto inteligente. Además de que las cortinas no corrían accionando la función desde la pantalla, el aire acondicionado era temperamental: o todo o nada. No había forma de regularlo para tener una temperatura agradable… parecía un iglú el cuarto por las noches, así es que decidimos apagarlo… pero apagar el aire era cuestión de encender la tele, darle a los comandos, poner el “Smart room”, seleccionar con el control remoto y finalmente dar el comando.

Otros finos detalles del cuarto inteligente eran cuestiones como encender el “no molestar” (que creo que en México el concepto es sólo un adorno) desde la pantalla, con lo que junto a la puerta de entrada, se iluminaba una pequeña luz color rojo… todo bien, sólo que la de nuestro cuarto nunca se apagaba y había que ir a explicarle a las señoritas de la limpieza que por favor fueran a “hacer el cuarto” porque en realidad ni estábamos dentro.

La pantalla plana, además de ofrecer los canales de siempre, tenía conexión a Internet y como todo funcionaba sobre alguna versión de Linux, se tenía acceso a un navegador (en este caso Opera) con una velocidad de conexión razonable, nada del otro mundo, pero razonable (el hotel me decían tiene 600 cuartos, o igual número de clientes de la misma red, lo cual debe ser todo un reto para los de sistemas). Usando el navegador se podía entrar a cualquier página, incluso, a las que puedes ver películas en línea sin costo (con pésima calidad)… pero, el hecho de tener un navegador ahí me llamó la atención.

Excelente calidad del hotel, de la habitación, en general de todo. El servicio amigable, el clima perfecto, el lugar ideal, la compañía inmejorable, entonces, ¿cuál es la queja? Ninguna en particular, lo que me llama la atención y me dio la idea de este Desde el Teclado es que no sé si quiero una casa demasiado “inteligente”. En nuestro cuarto era obvio que algo pasaba con el software de control. No sé si requería una reinstalación o algo por el estilo, pero sin duda el apagar las luces sin importar si había gente dentro, el no poder regular el aire, etc., son cuestiones que parecen triviales y no se les da mucha importancia por estar en un hotel, donde sólo pasarás unos cuántos días, pero, ¿si es tu casa?

Creo que la cosa cambia y creo que no me sentiría muy confortable sabiendo que el “control” lo tiene una pieza de software que tiene fallas o que su conexión con los sensores análogos no funciona todo el tiempo… no sé, este mundo de “Los Supersónicos” como que no me convence, todavía, al 100%. Será cosa de esperar, me imagino.

(Foto tomada en el paseo para conocer “El Arco”)