Untitled-1Lo recuerdo perfecto. Fue a los veintitantos años, por el rumbo de Polanco, en la Ciudad de México. Ahí se encontraba el establecimiento de reciente apertura y, después de mucho titubear, por fin me animé a dar ese primer paso que, obvio, no tuvo para mí –ni para muchos- boleto de regreso. Es más, desde esas primeras veces, ya se volvió un asunto cotidiano, hasta el grado de no poder vivir lejos de sus servicios.

Claro, el celular se ha convertido en parte integral de nuestra vida. Y recuerdo estas historias porque el sábado fui a un Sanborns a adquirir un accesorio que necesitaba y me puse a platicar unos momentos con el vendedor de inconfundible chaleco rojo, quien me mostró la amplia gama de celulares que tienen a la venta (yo me hice que no conocía varios) y le preguntaba “¿Y este se vende bien?” … “No, sí, ese sí, al verdad está saliendo muy bueno”. Había una demostradora de Telcel y también participaba en la plática.

Estaba en un local dentro de un centro comercial, por lo que la afluencia de gente era elevada, más un sábado por la tarde. De repente, llegó al mostrador un padre con su hija de unos 12 ó 14 años (en mi mejor cálculo). Cómo que tenía prisa y preguntó en voz lo suficientemente alta para que todos escucháramos “Oye, ¿cuál es el mejor teléfono touch de menos de 2 mil pesos?”… En ese momento recordé mi primera vez y lo mucho que han cambiado las cosas.

Otro vendedor le mostró un modelo “touch” que lo vieron el padre y la niña. Comenzó la explicación del vendedor y las respuestas a las interrogantes del apurado papá. “¿Pero este también tiene WiFi?” … “¿WiFi? … mm, esté, sí, también”. Estuvo a punto de meterme, pero como ya he aprendido a quedarme con la boca cerrada en ciertas ocasiones, simplemente continué un par de minutos atento a la escena.

La niña tomaba el teléfono con todo cuidado, se veía totalmente absorta en el proceso y el papá pidió que le mostraran otro más. Ya no supe en que terminó la compra, pero precisamente esa es la historia de esta columna. Un papá –como debe haber millones y a mí ya me tocará- que llega a una tienda a pedir “el mejor touch de 2,000 pesos” es un síntoma inequívoco de:

  1. Los teléfonos celulares no sólo llegaron para quedarse. Desde hace ya unos buenos años, superaron cualquier capacidad de asombro y ahora no se concibe una sociedad, una persona (que viva en zona más o menos urbana) sin celular. De ahí qué ahora, en lugar de comprar algún juego o no sé, algo para una niña de 12 años, ya la cosa va por los teléfonos inteligentes, en un “regalo” que parte de los 2,000 pesos pero que también incluye su buen gasto mensual.
  2. Los que siguen con su teléfono “normalito, sólo para hacer llamadas, lo demás no me importa ni le entiendo” son, sin duda, de una o dos generaciones anteriores. Está bien que ellos sigan a la “antigua” pero, si realmente quieren hacerle un bien a sus hijos, de una vez métanlos en la onda de los teléfonos inteligentes. Eso no es el futuro, eso es ya el presente y los que no sepan usarlos o no tengan contacto con esos modelos, serán los nuevos analfabetas digitales.
  3. Sé que un teléfono celular con datos puede convertirse en una fuente para aumentar la “desintegración familiar”, pero si eso sucede, la culpa no es del aparato… es como los que dicen que la televisión “idiotiza”, claro, si el niño ve la tele 8 horas al día, ¿de quién es la culpa?

Hay que entrarle sin miedo a estos temas. Los papás que tienen hijos en esas edades y que todavía se resisten a darles a sus hijos un “celular”, piensen en que son las computadoras del futuro… ojo, estoy hablando de uno con datos, una terminal de Internet, no el celular sencillo sólo para hacer llamadas. Esos se seguirán vendiendo, pero si quieres darle a tu hijo los mejores útiles, una buena escuela y las mejores opciones en su formación, un celular inteligente es casi casi como su laptop o netbook.

¿Cuál comprar? ¿Qué operador? ¿Cuál plan? ¿Es bueno el BlackBerry, iPhone, Motorola o Nokia? Planteo la pregunta de esta forma… ¿es bueno Honda, Toyota o mejor un General Motors?”… ¿Verdad que no hay respuesta absoluta? Digamos que todos funcionan, unos mejor que otros y hablando de teléfono inteligente yo lo prefiero con teclado físico… será por qué así me toco, desde aquella primera vez…