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Unos segundos antes de que cierren la puerta del avión entran dos personas más. Un señor y una muchacha de unos 30 años (siempre he sido malo para calcular edades). Ella se sienta junto a mí y en unos instantes comienza la plática “Señor, ¿es su primera vez?” (Se refiere a volar en avión) pienso un segundo y le digo “No, no es mi primera vez”, de inmediato se escucha la voz a un pasillo de distancia, “No molestes al señor”.

Sigue platicándome, más bien preguntándome “¿A qué se dedica usted?”, y conforme avanzan las preguntas me doy cuenta que es una persona con capacidades diferentes, no sé exactamente cuáles ni como, pero digamos que es levemente diferente a todos los demás que alcanzo a ver dentro del avión.

Pido un café y atemorizada me dice “agarre bien su vasito, pues esto va a salir volando”, trato de calmarla diciéndole que no se preocupe, que yo me ocupo. Despegamos, enciendo la laptop para escribir esto y me dice “¿Si ve bien?, si no, puede prender el foco de arriba”.

La verdad es que me tengo sentimientos muy encontrados con esto que estoy viviendo en estos momentos. Vengo que dar una plática a los distribuidores de una operadora telefónica y básicamente les dije que había que vender celulares con datos, que esa era la tendencia y el futuro. Y sí, creo que estoy en lo correcto, la máxima expresión de la tecnología, todo un mundo conectado, interconectado, redes sociales, mensajería instantánea, en fin, todo lo “moderno” y sin embargo, pienso en los usuarios como mi compañera de vuelo y creo que la tecnología, por más desarrollada que esté, no puede ayudarle en nada.

Por su plática entiendo que no puede distinguir claramente entre lo que está “bien” y lo que está “mal” y ese no es el punto que quiero resaltar, lo que me preocupa es que frente a un buscador por ejemplo, ¿cómo hacer para que no tome decisiones equivocadas? ¿Qué hay con todo el phishing y correo apócrifo? Invariablemente le llegará a su PC y no tendrá forma de discernir entre las opciones que aparecerán en su pantalla y es un asunto para el cual toda la tecnología conocida no le puede ayudar. Me platicó que estudió dos licenciaturas, por lo que seguramente usa computadoras de forma constante y su exposición a todos los recursos de la red debe ser cotidiana.

Paradojas de la vida. Mi compañera de vuelo seguramente no puede andar sola por la calle, necesita estar acompañada para trasladarse de un lugar a otro y puedo pensar que requiere que la asistan en diferentes cuestiones de su vida diaria, pero, ¿frente a una computadora? No es lo mismo. La interactividad que brinda el ambiente informático es un arma de doble filo, ya que comparado contra otros medios como la televisión, por ejemplo, frente a una PC se pueden tomar decisiones, localizar información, hacer “investigación”. ¿Y sí no obtiene lo que necesita? ¿Estará en todo momento al alcance de sus familiares?

Sigue el vuelo y me hace comentarios sobre la comida que nos sirven. Cada una de sus palabras se me graba profundamente… la forma de decirlo, la frescura y la desinteresada búsqueda por ayudarme me hacen pensar y escribir todo esto, que haciendo memoria, creo que nunca había abordado en esta columna que ronda los 20 años de publicarse…

Vamos casi a la mitad del vuelo y de reojo veo que tiene un GameBoy de Nintendo y está plácidamente jugando Tetris. El padre, que está del otro lado del pasillo, descansa. Yo, junto a mi compañera especial de viaje, escribiendo este texto que no tiene otro interés más que el de hacer notar que la tecnología para ella y muchos en su condición, simplemente no sirve de nada por sí misma. Claro que debe brindar algún tipo de satisfactor, pero la vida se debe ver desde muy diferentes puntos de vista.

No sé si publicar este Desde el Teclado o buscar otro tema, la verdad es que tengo esa gran duda. Veremos que resulta este domingo por la noche que llegue la hora de tomar la decisión. Mi amiga igual estará en casa navegando o viendo la televisión o en una de esas, sigue con su Tetris en otro avión, disfrutando de su mundo.