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Los que hemos usado tecnología desde hace años, sí, desde que las computadoras no estaban conectadas a Internet, qué va, desde que no existía Internet, hemos desarrollado algún tipo de psicosis que estoy seguro muchos comparten. Hoy, abril del 2010, es difícil entender un mundo sin celulares, sin Google, sin acceso instantáneo a lo qué necesitemos… pero, ¿siempre ha sido así? ¿Qué tanto estamos volviéndonos dependientes de aparatos, datos y demás elementos?

Con el paso de los años he podido más o menos controlar esa tendencia a depender de factores externos, informáticos, para estar “bien”, para bajarle a la ansiedad. Algunos ejemplos que he logrado superar son:

  1. Control absoluto de los gastos. Instalé y usé decenas de veces y durante años software para controlar mi chequera personal y los gastos. Tanta precisión, el separar los conceptos de los consumos y saber que al mes gasté “1,245 pesos en gasolina”, “256 pesos en varios”, “550 en libros y revistas” verdaderamente nunca logré encontrarle un uso razonable. Sí, es muy “padre” ver las gráficas y saber en qué gastamos, pero hace meses que no registro nada más que lo elemental. Soy más feliz. No me estresa saber que el mes corriente llevo gastados 12 pesos más que el anterior porque me compré un periódico extra el domingo. Todo lo que claman los que hacen el software, en realidad creo que no aplica mucho por estas tierras… como que no estamos programados para tanto detalle.
  2. Manía por conservar batería: ahhh, es una adicción. Como todos sabemos, la duración de la batería del celular es finita. Algunas veces se me ha acabado antes de tiempo y he tenido que pagar las consecuencias, sobre todo cuando estoy de viaje, pero, si han sido dos ocasiones, son muchas. Así que ya no más revisar a cada momento el celular, ver qué programas están en memoria para cerrarlos y que no consuman energía, cambiar de red EDGE a 3G, olvidarse un poco de esto… hacer que el día se vuelva un poco más tolerable respecto a la batería del aparato.
  3. El cuidado de los gadgets. Antes hasta “micas protectoras” instalaba en los primeros gadgets móviles (no teléfonos) que tenía. Era una manía por mantenerlos impecables, limpios, sin un solo rayón, sin detalles. El sólo hecho de que la pantalla recibiera algún impacto hacía que se me acelerara el pulso. Con las portátiles, que antes no eran tan comunes, era un reto mantener la pantalla sin una sola huella digital. Llegué, lo confieso, a decirle a mucha gente “no pongas tus dedos en mi pantalla por favor”… la verdad es el estrés producido por la “integridad” de las pantallas era mucho… igual para los celulares. Hoy, las cosas han cambiado. Limpio la pantalla de la laptop cuando me da vergüenza verla tan llena de polvo y cualquiera puede poner sus “dedotes” y no sufro… lo mismo aplica para la pantalla plana de casa.
  4. Todo siempre disponible: cada que cambiaba de computadora, el peregrinar por discos de respaldo era obligado. Tenía que copiar las 12,123 fotos digitales de la colección, las 4,250 canciones, todas las películas, documentos de cuando comenzaban a surgir los primeros procesadores de palabras… cartas que envié en ¿1989? … siempre tenía que tener “todo en el disco duro”. ¿Para qué? Nunca supe, hasta que logré comenzar sólo a copiar lo indispensable. Ahora cualquier disco de una laptop me queda grande y cambiar de máquina –que lo hago con frecuencia por mi trabajo- es más relajado, no hay tanto estrés por olvidar algo en la anterior.
  5. Ultimas versiones de todo y para todo: estar revisando todo el tiempo, en el celular y en las computadoras si tengo la última versión del software que sea, lo he estado superando poco a poco. Ya no me importa usar un Office de hace un año, o si la aplicación shareware para descargar podcasts en mi teléfono no está actualizada… no pasa nada. No es de vida o muerte. He entendido a golpes que no se acaba el mundo.

Y así podría seguir listando ejemplos y casos que me ha tocado vivir desde hace muchos años (la famosa tierra física, el revisar 10 veces que esté apagado cierto equipo, el alcance de la red WiFi, en fin…). El asunto es que he podido comenzar a liberarme de ciertas ataduras (más bien manías) producidas por la tecnología. Yo que nací y crecí sin computadoras, me doy cuenta del antes y del después. Sé, aunque no me acuerdo bien, lo que es vivir sin celular o salir de viaje sin estar comunicado en “tiempo real”.

El asunto es que las nuevas generaciones, que ya nacieron con el chip bajo el brazo, ¿vivirán estresadas eternamente? O será más o menos lo mismo que mis padres tal vez pensaban de la televisión … o mis abuelos del teléfono… la verdad es que todo cambia tan rápido, que ni tiempo nos da de tomarnos un minuto, apagar todo y pensar.