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Desde hace ya un buen rato todos los que navegamos por Internet conocemos y comprendemos el concepto de “radio por Internet”. Ese funciona básicamente en dos formas: las estaciones terrestres, conocidas, con frecuencia asignada y demás, ofrecen su programación a través de su sitio en la red. De esta forma, el radioescucha que está acostumbrado a sintonizar “La X” en FM, simplemente entra a www.x.com.mx, le da “play” en algún lugar y comienza a escuchar lo mismo que está transmitiendo al aire en ese momento.

Por otro lado, están las estaciones creadas para Internet exclusivamente. Las hay desde musicales, muy primitivas y con limitaciones de ancho de banda, hasta algunos experimentos que quieren parecerse a la radio comercial, con todo y su “parrilla de programación”. Entre estos dos mundos -principalmente- hemos estado escuchando “radio por Internet” desde hace años.

Por otro lado han surgido en forma más reciente las estaciones “virtuales”, donde la programación musical queda a merced de dos ingredientes: el gusto del interesado y los programas y algoritmos que intentan buscar coincidencias en género o tipo de música. Algunas de las páginas más sonadas son Pandora.fm (que no funciona en México por problemas de derechos de autor) y Last.fm, que sí sirve aquí. El usuario se registra, escribe el nombre de alguna canción, cantante o banda y el sistema se encarga de lo demás. Claro, le metieron el ingrediente de “red social” al poder compartir las preferencias y gustos con otros usuarios.

Los ingredientes que se requieren para que cualquiera de estas opciones sea una realidad son básicos: una PC con bocinas decentes (o algunas externas) y una conexión a Internet más o menos robusta, digamos que las más lentas de sólo 256Kbps sirven para este propósito y, claro, mientras más, mejor. La música y la voz a diferencia del video pueden ser fácilmente transmitidas por la red, ya que el consumo de “ancho de banda” es infinitamente menor al video en calidad estándar o en alta definición.

Ahora entremos a los celulares, que ya se llaman así sólo por costumbre. Siguen cumpliendo con la función de poder hacer y recibir llamadas, pero todo lo que ahora pueden hacer no deja de sorprender. Partiendo de la base de la conexión de banda ancha en los pequeños dispositivos, el fenómeno de la radio por Internet (en cualquiera de sus modalidades) parece que llegó para quedarse.

En enero que estuve en la ciudad de Las Vegas, me encontré con una estación que me gustó, “Jack FM” en el 90.5 del cuadrante local. Ya de regreso en México la pude sintonizar desde la PC sin problemas… todo bien, pero, ¿qué pasa cuando no estás frente a la PC o no hay conexión a Internet? La red celular 3G es la respuesta. Para pruebas descargué el software de FlyCast en una BlackBerry Bold (existe también para iPhone y el G1 de Google) y a bordo del coche he estado escuchando varias estaciones de diferentes ciudades, en este caso, sólo de Estados Unidos. ¿Increíble? Tal vez para muchos no, pero yo todavía no pierdo al cien por ciento la capacidad de asombro.

Con unos cuantos clicks se pueden crear listas de favoritos, ya sea con estaciones terrestres que tiene FlyCast en su catálogo o bien de estaciones sólo Internet. El resultado es muy interesante, sobre todo en el automóvil. Dependiendo de la duración de los trayectos, de repente se me olvidaba que la canción que salía por las bocinas estaba llegando a través de una compleja serie de conexiones y finalmente desde una torre celular hasta mi teléfono. ¡Increíble!

Internet borró del mapa el concepto de “frontera” hace ya mucho tiempo para varias cuestiones, además, acortó las distancias de forma impresionante. Ahora, lo que viene con una conexión de banda ancha justo en el teléfono deberá ser formidable. Hoy podemos escuchar la radio de básicamente cualquier ciudad, en cualquier lugar, no pegados a una PC. ¿Qué viene en el futuro? Todavía no lo sabemos, sólo espero que sean servicios que, como este, tengan una función específica y encuentren la forma de ser comercialmente viables. Sin este ingrediente, no dejarán de ser simples experimentos.

Desde la Red…
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