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Microsoft acaba de anunciar que la siguiente versión de su sistema operativo se llamará simplemente “Windows 7” y estará disponible para el 2010. ¿Son buenas o malas noticias? Independientemente de la nomenclatura, parece que los últimos casi dos años no han sido del todo miel sobre hojuelas para el gigante de Redmond (sólo para los que no ubican, el corporativo de esta empresa se encuentra en esa ciudad, muy cerca de Seattle, Estados Unidos).

Desde el lanzamiento de Windows Vista, la reacción de los consumidores ha sido de todo tipo menos totalmente placentera. Por un lado, los departamentos de sistemas de las grandes corporaciones todavía no migran a Vista y, me imagino, con el anuncio de Windows 7, simplemente esperarán a que llegue la siguiente versión. Por más que lo ha intentado Microsoft, parece que no encuentran razones suficientes para cambiar primero a Vista y luego a lo que venga, amén de algunos problemas de compatibilidad con aplicaciones hechas para XP y, por supuesto, el costo de las licencias.

Y es que todo tiene una razón de ser. Windows XP fue lanzado en 2001. En aquellas fechas, había alrededor de 600 millones de PC en el mundo, corriendo Windows 95/98 y Windows NT/2000. La idea de Microsoft fue estandarizar las plataformas con XP y parece que lo logró con el tiempo. Ahora en 2008, existen cerca de mil millones de PC en el mundo y más del 70% de ellas corren Windows XP, haciéndolo el software más utilizado en el planeta en todos los tiempos.

El comprador individual de una PC para casa (portátil o de escritorio) no tiene opción en estos días. Al adquirirla, simplemente incluirá alguna versión de Vista (claro que hay empresas que venden sus equipos con alguna variante de Linux, pero son una minoría). Esto hace que todos los usuarios “normales” tengan que usar Vista y aquí entran todas las pequeñas y medianas empresas, que son mayoría en México.

¿Qué pasa? Para muchos esto no tiene mayor importancia, no saben lo que están usando, no saben qué es Windows Visa, ellos simplemente adquirieron equipos y comenzaron a trabajar. Para otros, que “le saben” un poco más, ha sido pretexto para hacer un “downgrade” a Windows XP, provocando más piratería. Las grandes corporaciones no tiene problema, simplemente si las nuevas PC no tienen opción de Windows XP, cambian de proveedor de hardware.

Por otro lado, la creciente popularidad de las portátiles llamadas “netbooks” hacen que XP sea el operativo idóneo, al no requerir tanta potencia en el hardware ni espacio en disco. Casi todos los nuevos modelos de esta gama incluyen XP y si no, se encuentran rápidamente las instrucciones para instalarlo en la red. Con esta versión del operativo, esas máquinas funcionan de forma óptima, asunto que no pasa desapercibido.

En este escenario, el anuncio de lo que será el nuevo Windows 7 pareciera que no viene a facilitar las cosas para Vista. ¿Por qué? Como decía, todos los que usan Windows XP y no han encontrado un pretexto exacto para no cambiar a Vista ya lo tienen: esperar a la siguiente versión. Después de todo, las máquinas funcionan y, lo más importante, todos los desarrolladores siguen ofreciendo compatibilidad con XP. Ante este escenario, ¿para qué migrar si en relativamente poco tiempo tendremos lo nuevo?

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