GuerraEl programa que usamos para acceder el contenido de la red Internet se llama, genéricamente, “navegador”. El primero fue creado en 1993 por los programadores Marc Andreessen y Eric Bina, que trabajaban en el National Center for Supercomputing Applications y se llamó “Mosaic”. En forma primitiva, pero certera, mostraba información proveniente de cualquier parte del mundo: texto e imágenes en un solo lugar. Era el principio de lo que hoy conocemos como navegar por Internet y, claro, todo se movía muy rápido en aquellas épocas.

Al ver el éxito de su producto, Andreeseen, junto con algunos otros programadores y Jim Clark, fundan la empresa Mosaic Communications, a la que rápidamente cambiaron de nombre por Netscape Communications. Lanzaron su versión del navegador, conocido genéricamente como Netscape y la revolución comenzó. Ese programa era el paraíso para todos. Se podía navegar en forma mucho más rápida que Mosaic, además de que incluía algunas funciones adicionales como guardar los favoritos y otras.

Casi en paralelo, la empresa Spyglass, de Chicago, obtiene el permiso para usar el código del original Mosaic y lanza su propio navegador de Internet. A los pocos meses, Microsoft licencia el código fuente del producto de Spyglass y lo lanza como “Internet Explorer 1.0”, un programa del que todo mundo se burló y lanzó pésimos comentarios. Primero, por tratarse de una gran empresa y, segundo, porque estaba a años luz detrás de Netscape en cuanto a funciones y velocidad. En un principio la negociación fue por 2 millones de dólares, pero después de varios alegatos, finalmente terminó pagando 8 millones por el código.

Como casi todo lo que ha hecho Microsoft, no tenían prisa. Su misión era apoderarse del mercado de los navegadores, pero poco a poco. Así, comenzó a lanzar nuevas versiones del Explorador, pero nadie lo usaba. El estándar era, simplemente, Netscape. La empresa hizo su oferta pública en la bolsa y las acciones crecieron como la espuma. Además de vender el navegador, también comercializaban el “servidor” o programa que surte las páginas de Internet.

Todo estaba más o menos bien, con las empresas compitiendo, sin embargo, Microsoft comenzó la batalla campal cuando decide regalar su explorador. En un acto sin precedente para la época, el gigante decide irse por lo que a veces duele más: el precio. Así es que la historia continuó, Netscape desapareció del firmamento y el estándar de facto se volvió Internet Explorer. Un detalle muy importante es que el producto de Microsoft se incluye (hasta la fecha) en toda copia de Windows.

Sin embargo, con el paso de los años las múltiples fallas de seguridad hacen que un grupo de programadores comiencen un proyecto complejo: desarrollar un nuevo navegador, sin costo, que sea mejor que cualquier otro. Se tardan, y bastante, pero lanzan la primera versión de lo que hoy conocemos como FireFox. Usando algunas técnicas de promoción hasta antes desconocidas, como publicar una página completa en un periódico con los nombres de los que donaron dinero para tal anuncio, poco a poco comienza a posicionarse en el gusto de algunos usuarios. ¿Cuántos? Los suficientes para robarle a Explorer unos buenos puntos de participación. Hay quien dice que tiene el 30%, otros dicen que el 20%, pero sea lo que sea, son puntos muy importantes que nadie quiere dejar a la competencia.

Después de FireFox, el siguiente navegador que llegó para quedarse es Safari de Apple, que, la verdad, no creo que tenga mucho pegue ni llegue a robarle participación a Explorer ni a Firefox.

Hace unos días, la fundación Mozilla, creadores de FireFox, anuncian la versión beta -o de prueba- de su última versión, la 3.0. Ya comenzaron las descargas y los comentarios por toda la red. El punto principal de un navegador, hoy en día, es el tema de seguridad. Con tanto ataque, phishing y demás formas de intentar tener el control de la PC del usuario, no está demás fijarse en este punto. Se pueden descargar sin costo tanto FireFox como Safari de las respectivas páginas de sus fabricantes. Ahora bien, ¿cuál es el mejor? No hay respuesta. Es como todo, depende para que lo uses y qué tanto hagas con él. Lo que sí es un hecho es que la guerra continuará, pues el navegador se ha convertido en la pieza de software central de toda computadora.