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Las primeras “computadoras” eran grandes, tremendamente costosas y, comparadas con las actuales, el poder de procesamiento era insignificante. Se les conocía como “main frames” y eran típicas en los bancos, las aerolíneas y agencias de gobierno. Los operadores vestían batas blancas y se encontraban en los conocidos “centros de cómputo”. Sólo unos cuantos tenían los conocimientos y habilidades para usarlas. Lo que todos los demás obteníamos eran los famosos “reportes” impresos en papel. Los programas eran difíciles de crear y más difíciles de entender.

Después de esta revolución digital (después de todo, eran computadoras) siguió la era de las computadoras personales. Nadie lo planeó, para todos fue una situación que los tomó por sorpresa. Las primeras “PC” creadas por Apple e IBM eran simplemente modelos muy sencillos, pero le daban a los usuarios la posibilidad de no depender de un gran centro de cómputo.

Existían clubes de usuarios, que durante sus reuniones mensuales, exponían los avances que habían tenido con “su” propia computadora. Eran los menos, pero ya existían miles de personas con estos equipos en sus casas. Todavía faltaba la conexión a Internet y esta llegó poco tiempo después. En los años noventa fue cuando se consolidó el concepto de “terminal de Internet” y hoy en día una PC sin conexión es como un coche sin gasolina, es decir, no sirve de mucho.

Durante todo este proceso, el software ha sido una pieza fundamental en el desarrollo. Al principio sólo los “main frames” lo podían usar. El concepto de procesador de palabras, hoja de cálculo y base de datos salió de los mismos usuarios que vieron la necesidad de contar con estas aplicaciones. Ya había un buen pretexto para comprar una PC, es decir, el software siempre movió las ventas del hardware. Programas como WordPerfect (ahora un casi extinto procesador de textos) era la norma en miles de despachos de abogados. El VisiCalc imperaba en cualquier oficina donde se procesaran números. El modelo del negocio siempre fue: compra la licencia de uso, instala el programa en una PC y si quieres cambiar de versión, paga la mejora. Eso es la base de la industria del software a nivel mundial. Pero algo está cambiando.

Con las primeras conexiones a la red realmente no se podía hacer mucho. El famoso “ancho de banda” apenas si permitía enviar y recibir correo y visitar una que otra página, sin embargo, la experiencia era más o menos para iniciados en el tema. Se usaba la línea telefónica y lograr el enlace no siempre era posible. Con esa limitante, la PC se conectaba un rato y listo, se continuaba trabajando “fuera de línea”.

Pero todo volvería a cambiar con la llegada de la banda ancha, o una conexión rápida a Internet. Hace apenas unos pocos años esto era sólo para los más avanzados, pero hoy, de hecho, ya casi ni se vende el servicio de enlace telefónico tradicional, todo es banda ancha: DSL, por cable, etc. En cualquier instancia, el usuario busca tener una conexión permanente y robusta hacia la red. Y es aquí precisamente donde se está acuñando el término “cloud computing”, que más o menos quiere decir que en Internet hay una “nube” con todas las aplicaciones y los usuarios simplemente usamos lo que queremos.

Una de las primeras consecuencias de este concepto es que el término “licencia de uso” desparece como lo conocemos. Es decir, en lugar de adquirir licencias por el número de PC instaladas, el usuario simplemente se conecta a la red a través de cualquier PC, y al acceder a su “nube” obtiene los programas que necesita, con toda la información almacenada en “centros de datos” del proveedor.

El concepto es nuevo, pero los servicios no. Hotmail, MySpace, GMail y muchos otros sitios y servicios forman lo que se llama la nube de Internet. No es posible “instalar” Hotmail en una computadora. El servicio está disponible para quien se conecte a su página y desde cualquier lugar y PC. Además, este modelo rompe con el paradigma de la “compatibilidad” entre computadoras, ya que la pieza clave para poder acceder es el navegador de Internet. Hay muchas versiones para todos los gustos y necesidades.

¿Qué sigue? ¿Todo será “cloud computing”? Difícilmente en el corto plazo, pero la idea de no pagar licencias de uso a cambio de observar publicidad, es sin duda atractiva. No más problemas de versiones, ni de respaldo de información, en fin, un largo etcétera que muchas veces preocupa más de lo necesario. El río suena y seguro agua lleva. Aquí el punto más delicado es la confidencialidad de la información. Imagine que todo su disco duro está en algún “servidor”, quien sabe en donde… ¡da miedo! Pero bueno, veremos que sucede. El asunto apenas está por comenzar.

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