Tabletas: Más rápido cae un hablador…

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Javier Matuk 2/jun/2013, 08:00 pm

tabletas 2013Justo el día que salió a la venta el iPad original (en abril del 2010) compré una. Recuerdo que hice fila fuera de la tienda y toda la cosa (estaba en un viaje en USA y coincidió). De inmediato quedé pasmado con las características técnicas y muy emocionado con las posibilidades.

De regreso a México comencé a usarla … para … para … para hacer los conocidos “unboxings”, mostrársela a amigos y colegas … pasaron unos cuántos días, terminó el fervor y luego … por más que pensaba en qué la podría usar, pues no le encontré realmente aplicaciones prácticas. Sí se podía escribir sobre la pantalla, pero era una labor complicada y tardada. Así es que en menos de 15 días la vendí y asunto arreglado.

Desde esas fechas siempre he pensado que las tabletas en general son excelentes herramientas de trabajo para unas cuántas profesiones: he visto como algunos arquitectos realmente le sacan provecho y, de repente, uno que otro restaurante muestra su carta en los flamantes dispositivos.

Pero para el grueso de los usuarios de tecnología, las tabletas se han convertido en un producto “además de”, no “en lugar de” ya que nunca fueron capaces de reemplazar a la computadora personal. Siempre las he visto como un accesorio de acompañamiento y, sin duda, en los aviones muchos pasajeros las usan para … “ver la tele”, bueno, para ver series y películas que quién sabe de dónde las descargan (claro, habrá algunos que sí las compran).

Han pasado los años y varias generaciones de iPads, además de una completa y variada gama de modelos de la competencia (incluyendo las que venden por televisión). Las cifras indican que la categoría va en aumento, incluso, se calcula que para este año (2013) se vendan igual número de tabletas que de PC´s de escritorio y para el 2014 las cifras entre laptops y tablets se igualen (en Estados Unidos, según la firma IDC). Desde hace tiempo he predicado que “la PC ha muerto” en favor de los teléfonos inteligentes, sin embargo, hace unas cuantas semanas todo cambió –de nuevo- en mi entorno tecnológico…

Por recomendación de mi doctor tengo que “hacer ejercicio” un rato todos los días. Y lo que más me aburría de esta labor era precisamente estar ahí en solitario en la caminadora simplemente escuchando canciones … hasta que de repente alguien me comentó que “veía series” para entretenerse. De repente recordé a NetFlix y otros servicios en línea y, por fin, encontré el pretexto ideal para usar una tableta.

Pero ¿qué marca? Nunca me ha gustado mucho el iPad, es decir, reconozco su excelente construcción y facilidades técnicas pero me pone de mal humor, por ejemplo, que no puedas tener “usuarios” en el operativo, de tal forma que no la puedas prestar (por tener muchos datos personales) a nadie.

Así es que investigué las opciones en el mercado hasta que di -en otro viaje- con la Google Nexus de 10 pulgadas, fabricada por Samsung. La compré en un “club de precios” con un costo razonable para la excelente resolución en pantalla y sus 32GB de memoria.

Todo era felicidad hasta que la usé para hacer ejercicio … las débiles bocinas apenas si se escuchan en ese entorno y, bueno, ya tuve que usar unas con conexión Bluetooth para solucionar ese detalle. Lo demás, Android la verdad es que cumple con casi todas los requerimientos de cualquier usuario “tradicional” y tiene sus ventajas en poder crear usuarios y otros detalles.

Desde hace como un mes he estado usando esta tableta y siempre que puedo, la llevo a reuniones de trabajo e intento usarla “en lugar” de la computadora… hasta ahora he podido hacer casi todo, pero siempre hay algunos detalles que o no se pueden o es muy complicado. Me funciona porque llevo muestras de videos y documentos en .PDF.

Ahora viene lo bueno … ¿la usaré más? ¿compraré otra más “potente”? ¿lanzará Apple algo nuevo o mejorará su operativo? Mientras todas esas preguntas todavía no tienen respuesta, he descubierto un nuevo mundo en las tabletas una vez que me liberé de esa sensación inicial de “no sirven para nada”. No son el reemplazo de la computadora, todavía, por eso digo que más rápido cae un hablador que un cojo.

 

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