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En algunas partes del planeta, incluso en nuestro país, se pueden ver a las ballenas en el mar. Sin embargo, observar lo que hace en las profundidades del océano sería aún más ilustrativo y nos podría enseñar más de estos cetáceos. Con ello en mente, un grupo de investigadores ha puesto la tecnología de radio en los lomos de estos gigantescos animales, y con un nuevo programa de computadora han recreado las trayectorias que siguen estos marinos personajes bajo el mar.

Los resultados se presentaron en la reunión anual de la Sociedad para la  Biología comparada e integrativa. Estos hallazgos ayudan a los científicos a entender como estas bestias, del tamaño de un autobús, hacen para hacerse de alimento suficiente, así como de los sonidos que generan bajo el mar, como el sonar, que afecta su comportamiento e incluso su vida.

El fisiólogo comparativo Jeremy Goldbogen, del Cascadia Research Collective, en Olympia, Wahington, estudia las grandes azules y otras ballenas llamadas rorcuales. Por casi una década, él y sus colegas han puesto radios en los lomos de los cetáceos. Estos instrumentos en las ballenas graban sonido, profundidad y otros parámetros en la medida que la ballena nada. Después de cierto tiempo, se caen del lomo del animal, y flotan en la superficie. Entonces mandan una señal de radio para ser localizados y recuperados, y así analizar los datos registrados.

El trabajo mostró a una ballena azul, el animal más grande del planeta,  tomando el 125% de su peso en agua y krill. Durante sus inmersiones, los cetáceos se llenan de krill, abren sus enormes bocas y capturan su alimento. Después, cierran sus fauces y gracias a la estructura de su boca, desalojan el agua, la escupen pues, filtrando así la comida sin mayores dificultades. Sin embargo, aún faltan detalles sobre su estrategia para alimentarse.

El verano pasado, Goldbogen monitoreó muchas ballenas azules con esta nueva tecnología que detecta los cambios en la orientación en el espacio, como lo hacen los acelerómetros en los teléfonos inteligentes y algunas tablets, para así saber si están en posición vertical u horizontal, y se adaptan de acuerdo a su postura. También se registraron la profundidad y los sonidos y gracias a esto último, los investigadores pudieron calcular la velocidad de los cetáceos. “Usamos estos sensores para reconstruir lo que hacen las ballenas“, dijo Golbogen. Los nuevos dispositivos de rastreo mostraron que las ballenas frecuentemente giran como un sacacorchos con sorprendente agilidad, reportó Goldbogen, indicando que “vemos maniobras realmente sorprendentes“.

Estas maniobras de los cetáceos las mostró a la audiencia usando una animación que fue posible gracias al software de Colin Ware, un científico de computadoras de la Universidad de Hampshire en Durham,  que se especializa en visualizar grandes volúmenes de información . El programa “track plot” incorpora los datos del dispositivo y aproxima la trayectoria del animal bajo el agua.

En el video, una ballena azul se sumerge dos veces sobre una trayectoria particular por unos 19 minutos. La animación muestra al cetáceo moviéndose unas 50 veces a su velocidad de crucero. La primera inmersión, de cerca de 15 metros, toma unos 2.5 minutos en la vida real; la segunda inmersión, la cual incluye alimentación del animal, es de unos 12 minutos y ocurre a unos 180 metros bajo la superficie, donde la ballena captura krill cinco veces en una rápida sucesión, como si fuese una montaña rusa.

Es genial lo que están haciendo“, dice Douglas Altshuler, un biólogo integrativo de la Universidad de la Columbia Británica, de Vancouver, Canadá. Pero Altshuler tiene sus dudas sobre la precisión de las trayectorias de las ballenas por la escasez de datos posicionales que confirmen las mismas. Goldbogen apunta, sin embargo, que las trayectorias incorporan datos de GPS que se graban cuando la ballena regresa a la superficie.

Goldbogen y sus colegas están usando ahora el mismo enfoque para entender el comportamiento de las ballenas ante el sonar, el cual se cree, desorienta a los animales, causando que se pierdan y encallen en las playas. Con una beca de la Marina norteamericana, le pusieron un dispositivo a una ballena y la expusieron a frecuencias de sonares militares, así como a otros sonidos (ruido) en la misma banda de frecuencia, y observaron la reacción de la ballena, explicó Goldbogen.

Los datos preliminares muestran que un toque del sonar puede hacer que la ballena detenga su proceso de alimentación y busque el origen del sonido, y entonces, se aleje de él, reportó Goldbogen. No obstante, el efecto parece ser temporal y pronto la ballena está alimentándose de nuevo, lo cual sugiere que el animal se adapta rápidamente. “Muchos experimentos se han hecho para determinar si hay algún impacto del sonar“, dice Michael Dickinson, un neurocientífico de la Universidad de Washington, en Seattle, “pero aún se requiere obtener más datos“.

Fuente: Science Mag

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Manuel López Michelone. Físico por la UNAM y Maestro en Ciencias por la Universidad de Essex en el tema de Inteligencia Artificial. Columnista por muchos años en publicaciones de la industria del cómputo y ávido programador. @morsa.

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