Mega-Hiper-Comunicación

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Javier Matuk 6/feb/2011, 10:18 pm

No sé si reír o llorar. Bueno, no tanto. No sé si reír o preocuparme. Cada vez que veo algún capítulo de la serie Mad Men (muy recomendable) me llaman la atención varios puntos. El primero es que no hay computadoras, ¡sí señor! Había un mundo sin PCs en los escritorios de las oficinas y, claro, sin nada de tecnología en las casas. Así, vemos a la gente “trabajando” sin tecnología como la de hoy. En uno de los capítulos, la secretaria le hace frente a una nueva máquina de escribir “eléctrica” y es toda una odisea.

¿Qué más no hay en la serie? ¡Celulares! ¡No existen! Vemos como la gente transita de un lado a otro, en la oficina, en la calle, en el coche, va a cenar a un restaurante, tienen juntas de trabajo, en fin, todo lo que sucede en la “vida diaria”, ¡sin un solo celular! Y, bueno, la trama no la voy a platicar, pues para algunos será interesante conocerla serie y para otros posiblemente pensarán que es de “viejitos”… (nota: no he visto más que la primera temporada y un par de capítulos de la segunda).

Tal vez puedes preguntarte… ¿y esto qué tiene que ver? ¡Mucho! Estamos viviendo una realidad que me tiene un poco preocupado. Ojo, no mucho, pero sí un poco. La dependencia cada vez mayor a la “satisfacción instantánea” es alarmante. Y hablo de muchos tipos de satisfactores, que en este caso todos son derivados de la tecnología. Por ejemplo, justo acabo de concertar una cita para la siguiente semana. Es con dos personas más. No hablé nunca por teléfono con nadie. A uno lo tenía en el mensajero del teléfono y al otro en el mensajero de la computadora… ya sabes, “Nos vemos el miércoles en la tarde…” podría ser algo muy sencillo, pero ahora con la MHC (mega-hiper-comunicación) el asunto es que hay que resolver en segundos… usé el chat en ambas plataformas y al cabo de unos cinco minutos no me contestó una de las personas… comencé a desesperarme… “pero qué le pasa que no me contesta!!! Dónde está!!!! A dónde se fue!!!! Ya! Ya! Ya! ¡¡contéstame!!… todo eso pasó en menos de cinco minutos y mi reacción es obra de la MHC.

Al final, me terminaron contestando todos y quedó la cita. Esto en la época de Mad Men hubiera sido cosa de hacer unas tres o cuatro llamadas telefónicas para obtener el mismo resultado. Cambia la forma, pero no el fondo. Sin embargo, en la forma es en dónde creo que nos estamos exasperando demasiado. ¿A poco no te desespera que no te contesten un SMS o un mensaje de chat en la BlackBerry o cualquier otra plataforma de comunicación instantánea?

Vamos. Sé sincero. Si contestas que no, entonces todavía no estás taaaan contagiado de esta vertiginosa urgencia de estar siempre disponible y siempre contestar todo a la vez. Si contestaste que sí o que “a veces”, entonces eres bienvenido al circo de los bits y los bytes en movimiento, sin descanso. Entiendo que la gran mayoría de las ocasiones nada es tan “urgente”, nada es de vida o muerte. Lo que pasa es que nos hemos acostumbrado de estar así, siempre disponibles y a exigir la respuesta de la misma forma.

¿Es bueno o es malo? No lo sé y creo que nadie podrá asegurarlo. Lo único que puedo entender es que hemos perdido parte de esa magia de esperar las noticias. Ahora durante un viaje, cuando regresamos a casa o al trabajo, ya no hay noticias. Nada es “nuevo”, todo ya lo sabemos, ya lo vimos, ya lo conocimos. Mandamos la foto de inmediato por el celular, platicamos de todo a cada momento. Sólo que no haya cobertura es cuando en verdad nos “descomunicamos” y eso a muchos les causa una sensación extraña… entre nervios y ansiedad.

Hace unas semanas tuve la oportunidad de estar sin conexión celular (ni de ningún tipo) durante unos días. No lo extrañé… bueno, ¡no lo extrañé taaanto! Digamos que aguanté bien durante unos tres o cuatro días y eso seguramente porque estaba en un entorno muy agradable, rodeado de personas apreciadas. Pero ya como al quinto día, sí como que me entró la cosquilla, la necesidad, la necedad de estar dentro de esta desenfrenada Mega-Hiper-Comunicación.

Viendo Mad Men recuerdo cuando llegábamos a casa por la noche y las preguntas ¿cómo te fue? o ¿qué hiciste? todavía tenían algún sentido… porque me queda claro que hoy ya no vienen al caso.

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